Mis dedos y las tecnologías
Claudia la práctica, fría como este tiempo de computadores, celulares y páginas webs. Estúpido fue nuestro encuentro en uno de los pasillos de la universidad. Yo como siempre perdido, pensando en la mortalidad del cangrejo y tu como siempre escuchando música en tu Mp4 y mandando mensajes en tu cel. Tropezamos y así comenzó esta estúpida historia. Tú comenzaste agregándome a tu Messenger, tomaste el número de mi celular y comenzamos nuestras largas conversaciones metafísicas por estas “nuevas tecnologías” como tú las llamas. Y así comenzó mi uso frenético del celular que rara vez sonaba, mis reiterados desvelos en mi computadora hasta altas horas de la noche, mis dedos se obsesionaron por escribirte mensajes de textos, especialmente el pulgar derecho, sin saber verdaderamente si llegaban a ti los mensajes. Y pensar que nos veíamos poco, pero nos comunicábamos día a día gracias a mis dedos y las tecnologías. Sin detenernos a pensar cuan lejos estábamos de las costumbres humanas las cuales poco a poco abandonábamos sin un sentido.
Claudia a veces pienso que no nos comunicábamos, que estos medios no nos servían para comunicarnos sino que resultaba totalmente lo contrario. Mis dedos al contrario no pensaban lo mismo, te escribían obsesivamente, disculpa Claudia, eran ellos los culpables. Sin embargo estuvo muy bien que me denunciaras a la policía de acoso y me restringieran verte. Aun hoy recuerdo el último mensaje de texto enviado por ti: Deja de eskribirme xq sino kambiare de numero!!! . .. y está bien yo le diré a mis manos, le diré a mis dedos que te marchaste por culpa de ellos, que no podré verte ni en el Messenger ni en la universidad y que no bastará tecnología que valga para comunicarme con vos. Descuida Claudia yo desapareceré, no me quejaré más de las tecnologías y tu no me dirás como me decías que esta época era la época de la frialdad.
